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Contribuyendo a construir el perfil de los demás en LinkedIn

LinkedIn tiene una herramienta interesante que le hace ser más “social” y es la posibilidad de que otras personas puedan completar nuestra actividad profesional a través de las recomendaciones.

Las recomendaciones laborales en la cultura anglosajona son una realidad indispensable en el mundo laboral ya que dan una visión de lo “que los demás” opinan de mi trabajo, de manera que se resaltan una serie de aptitudes y actitudes vistas desde la perspectiva “del otro” que puede ser un superior o un compañero. Es lo que se denomina “prueba social” ya que sirven para aumentar nuestra credibilidad y consolidarnos como una referencia en nuestro nicho profesional.

En la cultura latina, posiblemente estén más desvirtuadas ya que las relacionamos más con ciertas visiones subjetivas que hacen que unos candidatos sean “más preferidos” que otros por cuestiones ajenas a su capacitación laboral.

La existencia de recomendaciones en nuestro perfil o currículum LinkedIn es un hecho positivo y valorado sobre todo por empresas extranjeras, y nos hace obtener un mejor posicionamiento en esta red ya que el número de recomendaciones es uno de los criterios que utiliza esta red social para el posicionamiento de los perfiles.

El problema es cuando desvirtuamos esta realidad y personas con quienes no hemos tenido contacto profesional nos “piden” a través de mensajes directos que “les hagamos una recomendación”. ¿Cómo vamos a evaluar de manera objetiva la capacitación profesional de una persona con la que no hemos tenido contacto laboral ni como superiores, compañeros, cliente o proveedor?

Personalmente, ignoro estas solicitudes ya que creo que la recomendación ha de ser espontánea por nuestra parte y no solicitada o pedida por el propio interesado ya que al hacerlo de esa manera estaríamos: 1) valorando las características profesionales de alguien con quien no hemos trabajado basándonos en sus propias referencias, y 2) dando ventaja a este currículum respecto al resto al aumentar su visibilidad de una manera injusta.

Aunque el número de recomendaciones es un hecho importante, también lo es el contenido de las mismas. Cuando nos decidimos a escribir una recomendación para otra persona no solamente debemos reflejar sus actitudes, sino también sus aptitudes con un enfoque a los resultados obtenidos. La recomendación ha de ser lo más concreta posible y es preferible redactar varias precisas que una llena de
vaguedades que no refleje la realidad del recomendado.

Otra opción con la que podemos contribuir a la construcción del perfil de los demás es mediante la validación de las aptitudes de cada persona. Al crear nuestro perfil de LinkedIn tenemos un apartado denominado “Aptitudes y conocimientos” en el que, mediante etiquetas, vamos seleccionando los aspectos profesionales que consideramos que son nuestras fortalezas en nuestro perfil profesional. Estos aspectos pueden ser “validados” por otras personas que nos siguen en la red y son receptores de nuestro trabajo. Esta validación es exclusivamente cuantitativa y nos ofrece una visión social de nuestro perfil ya que el “cómo nos ven los demás” es un hecho importante para nosotros mismos.

Os dejamos un vídeo de YouTube de Zoraida Lemos de cómo solicitar recomendaciones a través de LinkedIn.