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Prescribiendo apps

Los sanitarios del siglo xxi debemos, como el resto de los profesionales en sus ámbitos de trabajo, ser más dúctiles y adaptarnos a las nuevas necesidades de las personas a las que damos servicio.
De esta manera, los pacientes nos demandan cada vez más eficiencia (el tiempo es un valor que tiene más importancia en nuestras vidas) y protagonismo o participación.

En ambos aspectos, las herramientas basadas en Internet nos proporcionan grandes ventajas ya que evitamos muchas visitas innecesarias al poder contactar a través de vías de comunicación alternativas asíncronas que pueden dar respuesta en un tiempo muy razonable, y por otro lado, nos proporcionan herramientas de formación y colaboración con los pacientes en todas las etapas del proceso sanitario.

Junto con lo anterior, el teléfono móvil ha sufrido grandes cambios en la última década desde que su conexión a la red Internet es prácticamente una constante. Posiblemente, el menor tiempo de conexión lo usemos para hablar de manera tradicional, ya sea por la red telefónica convencional o transmisión de voz por la red de datos, y el término teléfono va perdiendo su significado etimológico.

Las compañías telefónicas están atentas a esta evolución y el grueso de la facturación se realiza ya con base en los datos consumidos y no en cuanto al tiempo de llamada telefónica.

Además del cambio de actitud en el acto sanitario y de los avances tecnológicos, hemos de añadir la irrupción, posiblemente como consecuencia de lo anterior, de emprendedores y empresas que están desarrollando aplicaciones para terminales móviles (apps), muchas de ellas relacionadas con la salud.

En estos últimos 2 años, el número de apps relacionadas con la salud ha tenido un incremento muy importante y difícilmente cuantificable por varias razones:

  1. Prácticamente, todos los días aparecen nuevas aplicaciones en salud.
  2. Técnicamente, cada vez es más sencillo programarlas por lo que no es necesaria una gran infraestructura ni para su desarrollo ni para su comercialización, por lo que emprendedores con buenas ideas pueden sacar productos de alta calidad al mercado.
  3. Cada plataforma las clasifica de una manera, por lo que dentro de este campo podemos encontrar en un mismo apartado aplicaciones que versan sobre enfermedades, hábitos saludables de vida, monitorización de variables fisiológicas, guías sobre enfermedades dedicadas al paciente, herramientas basadas en el juego sobre enfermedades, relajación, fitness, wellness, aplicaciones sobre medicinas o terapéuticas alternativas…

La consultora Frost & Sullivan calculaba en el año 2001 (antes del gran despegue de estas herramientas) que existían unas 17.000 aplicaciones relacionadas con la salud1 aunque hoy en día su número es muchísimo mayor.

Pero el gran problema no es la cantidad de aplicaciones, sino su calidad, ya que es un mercado en el que la aparición y desaparición de herramientas es muy rápido, y donde existe una gran facilidad para la creación de contenidos sanitarios por parte de agentes ajenos a la salud.

¿Por qué puede ser negativa una irrupción incontrolada de aplicaciones en el sector sanitario?:

  1. Veracidad del contenido: el contenido de la aplicación es fundamental, sobre todo si va dirigida al paciente que puede contar con menos criterios para determinar si es cierto o no. Para que el contenido sea veraz, hemos de ver la fuente de donde se extraen los datos, quién los emite y en qué contexto se encuentran.
  2. Actualización de los contenidos: es importante ver la fecha de la última actualización de la versión, aunque normalmente estas son modificaciones de la programación de la herramienta y no necesariamente llevan la fecha de actualización de contenidos.

Por lo tanto, en especial con contenidos tan sensibles en salud, sería útil especificar la fuente y un acceso directo al contenido íntegro del mismo, indicar la existencia de conflictos de intereses entre el emisor de la información y el tipo de información, y señalar la fecha de la realización del contenido.

¿Por qué puede ser positivo?

Fundamentalmente por los 2 motivos que se han tratado al principio del artículo. Se ahorra tiempo al profesional y a los ciudadanos que consultan, se trata de herramientas de coste asumible y que pueden tener gran impacto y uso social, y se ofrece la posibilidad de que el usuario de esta herramienta tenga un papel activo en su salud.

El informe Mobile Health & Fitness: Monitoring, App-enabled Devices & Cost Savings 2013-2018 realizado por Juniper Research revela una demanda creciente de aplicaciones de estilo de vida y de salud. Aunque este estudio es muy reciente y tiene una buena metodología en su realización, la proyección se basa en encuestas hechas en población británica que tienen una participación tradicionalmente mayor en la toma de decisiones sobre su salud, y el sistema sanitario es diferente en estructura al que disponemos en nuestro entorno y, por lo tanto, no pueden ser extrapolables de forma directa.

Aunque no podemos hacer una proyección de este informe en nuestro medio, sí es cierto que existe una mayor demanda poblacional en las descargas y uso de estas aplicaciones. Ante esta situación, debe existir un “regulador” de las aplicaciones y no podemos hacer que sean las empresas que albergan de forma mayoritaria y aprueban sus aspectos funcionales como herramientas informáticas (Apple para iOS y Google para Android) quienes sean los “evaluadores” de sus contenidos.

Así, surge la necesidad de que existan organismos e instituciones de evaluación. Actualmente, tenemos varios ejemplos y formas de hacer:

  1. Revisión por parte de instituciones sanitarias: como las citadas anteriormente que se están llevando a cabo por la Food and Drug Administration) el National Health Service o la Agencia de Calidad de Andalucía2,3.
  2. Revisión por parte de empresas: Happtique, una consultora en mHealth, anunció en febrero de 2013 el lanzamiento de un programa de certificación de apps en salud voluntario para ayudar a los médicos y a los pacientes a identificar aplicaciones que son creíbles y seguras.
  3. Revisión por pares: dejando en manos de médicos aventajados en el uso de aplicaciones la revisión de las mismas y creando herramientas de comunicación para compartir experiencias. De esta forma, la red social Doximity se está convirtiendo en EE. UU. en una plataforma para recomendar y evaluar aplicaciones.
  4. Mixtas: el National Health Service está creando un sistema mixto ya que, por un lado, hay una evaluación de aplicaciones por parte de expertos, y una vez que la aplicación ha superado unos mínimos de calidad, se ha creado una plataforma en la que los profesionales sanitarios que las utilizan pueden evaluar la aplicabilidad real, usabilidad y calidad de contenidos.

Posiblemente exista otra opción más, y quizá la más importante. Los sanitarios de atención primaria somos las figuras referentes en temas de salud de los ciudadanos, somos accesibles y suelen depositar una confianza en nosotros. De esta forma, nuestra opinión, si la demandan, a este respecto posee una gran validez para ellos y a lo mejor debemos ser nosotros quienes recomendemos, en caso necesario, una aplicación concreta.

Para ello, deberemos estar al tanto de las nuevas apariciones de aplicaciones, probar su usabilidad, valorar sus contenidos y ver el origen y veracidad de los mismos.

¿Una función más?, posiblemente, pero los tiempos, las herramientas, las demandas de los usuarios y la vida están en un cambio continuo al que deberemos ir adaptándonos.

Bibliografía

1. La revolución del sector de la salud empieza por las apps | Applicantes [Internet]. [citado 7 Nov 2013]. Disponible en: applicantes.com/aplicaciones-salud-mhealth

2. Regulación de apps | Grupo de Nuevas Tecnologías de la SoMaMFyC [Internet]. [citado 7 Nov 2013]. Disponible en: nuevastecsomamfyc.wordpress.com/2012/10/22/regulacion-de-apps

3. AppSaludable: distintivo de calidad de aplicaciones en salud | Grupo de Nuevas Tecnologías de la SoMaMFyC [Internet]. [citado 7 Nov 2013]. Disponible en: nuevastecsomamfyc.wordpress.com/2013/07/23/appsaludable-distintivo-de-calidad-de-aplicaciones-en-salud